Han pasado ya muchos años desde la última vez que tuve comunicación contigo, pero para mí es como si hubiera sido ayer. Sé que si tuviéramos comunicación en estos días hablaríamos tal y como si nada hubiera pasado, el problema es que yo en realidad no tendría nada que contarte, eso me daría verguenza y me toparía con tu pared negativa. Y qué horror sufrir por tu pared negativa una vez más, sobre todo a mi edad. Pienso casi todos los días en tí, por no decir que todos los días. Me imagino qué haces, si estás bien, y me dan mucha curiosidad tus novias. ¿Cómo serán? ¿Serán brillantes, inteligentes, alguna abogada súper preparada? La duda verdadera es si serán mejor que yo, eso en el fondo mi ego lo quiere saber. Las cartas me dicen que te va bien en el trabajo, no sé si te va bien económicamente o trabajas para pagar deudas. ¿Vives aún con tus padres? He estado escuchando arias, y el disco en vivo de Tiziano Ferro porque me recuerdan mucho a tí. Sobre todo me recuerdan a ese otoño angustiante del dos mil once, cuando caminaba por las calles húmedas de la mañana después de mi manda de misas. Rezando para que siguiera con vida, extrañándote y pensando en tí, pensando en irme y escapar, como siempre. Esa era una mañana fría y pensaba en tí todo el tiempo, pensaba con dolor, no quería que desaparecieras de mi mente, como si el mantenerte lejana fuera un acto de amor puro, conservaría lo mejor de tí sin que llegaras a odiarme, como seguramente lo haces.
¿Aún te desvelas por las noches? Es en esos momentos después de la pausa con la chica que ligues a las cinco de la mañana, después del cigarro de mariguana cuando me cuele en tus pensamientos. ¿Me cuelo? o ¿sólo soy yo la que continúa atada en este hilo rojo? Ha pasado tanto tiempo y te siento como si fuera ayer. Ayer.